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Identidad y MisiónUna Obra significativa quiere decir que «sus acciones deben mostrar los signos de posibilidad concreta de una vida alternativa fundada en los valores del Reino». Las llamadas Obras Significativas pertenecen a Cáritas Diocesana de Málaga, y son proyectos de servicios integrales, con identidad cristiana y de carácter social, cuyo objetivo fundamental es favorecer el desarrollo personal de las personas desde una intervención integral, individualizada e interdisciplinar, priorizando a los más desfavorecidos y estando plenamente inserta en la comunidad. La finalidad es promover la caridad entre los cristianos y expresar la opción de la Iglesia por los necesitados. Valores en los que se apoyan nuestras acciones1.
Calidad en las acciones, es decir, hacer bien las cosas que hay que hacer. «Cáritas ha
de cuidar que sus actuaciones sean punto de referencia y pauta que, con una gran
carga de calidad, muestran a otros un talante propio de saber hacer y ofrecen un
estilo que invita a recorrer el camino del servicio a los pobres y excluidos de
una manera peculiar: incluyéndolos siempre en el centro de la acción, como
sujetos primeros de su propio desarrollo[1]».
Un aspecto clave es tener claro cuáles son las cosas que hay que hacer, para
hacerlas lo mejor posible, es decir, en un marco de escasos recursos y de
opción por los más desfavorecidos, hemos de estar siempre atentos para no
entrar en un camino en el que, por mantener económicamente excesivos (aunque
positivos) servicios y programas, las personas con muy escasos recursos,
pudieran no ser atendidas o no fuesen nuestra opción prioritaria. Calidad no es
sinónimo de aumento de gastos. Tiene el mismo coste atender adecuada, digna,
respetuosamente a una persona, que hacerlo de otra manera. 2.
Autonomía, participación y
desarrollo personal de las personas, «considerándolo no
simplemente como sujeto de carencia y “usuario” de nuestros servicios, sino
como sujeto de potencialidades[2]».
Por tanto, pretendemos promover las capacidades, por limitadas que estén, y su
autonomía física y psíquica, «haciéndolo partícipe de todas las
decisiones que afecten a su vida, teniendo en cuenta sus capacidades, el impacto
sobre los demás, las reglas de la vida en común y los riesgos que se asumen[3]».
Sabemos que mientras vivimos aprendemos y la educación, en su sentido más
pleno, sólo termina al morir, por tanto pondremos todos nuestros esfuerzos al
servicio del proceso de realización personal de las personas. 3.
Visión individual, integral e
interdisciplinar. Cada persona es única, y nuestra
atención debe ser personalizada. La intervención que se desarrolle con cada
persona, además de atender a su individualidad, debe abarcar todos los aspectos
de la persona (físico, mental, emocional, social y espiritual) y realizarse
gracias al compromiso de todos los componentes de los equipos del centro con el
propósito común de la mejor calidad de vida de las personas. 4. Formación permanente. «Entendemos la
formación como un proceso de reflexión, de mirada, de análisis de nuestra
propia acción, de nuestro propio ser y del camino de nuestra comunidad. Ahí
está la clave, tener claro quiénes somos, y quienes debemos ser y reflexionar
si lo que estamos siendo y haciendo responde a ello[4]».
Además tenemos la oportunidad de transmitir y compartir el estilo y el modelo
de atención. 5. Presencia del Voluntariado. El valor del compromiso por una nueva cultura de la solidaridad desde la gratuidad es lo que define al voluntariado, que debe estar presente en nuestros programas. Además debemos «evitar una burocratización exagerada o un profesionalismo extremo, que maten el espíritu y no dejen lugar para la acción caritativa y social. Nuestro ser Cáritas no proviene del mundo organizado de las tareas y funciones sino de la afección personal y comunitaria que producen en nuestras vidas la irrupción de los pobres[5]». 6.
Animación de la Comunidad y de las
Familias. Estos centros pueden contribuir más a tranquilizar a
la comunidad o a las familias que a dinamizarlas y debemos ayudarles a asumir
sus compromisos y responsabilidades con las personas en general o con sus
familiares en particular. Así mismo debemos implicar a la comunidad cristiana y
social y a los familiares en los procesos de desarrollo de estas personas. 7.
Dignidad de la persona. Es fundamental «el reconocimiento del valor intrínseco de la
persona, independientemente de cuáles sean sus circunstancias, respetando su
individualidad y sus necesidades personales, y dándole un trato respetuoso[6]». 8. Opción por los más desfavorecidos. Es una cuestión clara desde nuestro ser Iglesia, ya que «sólo una Iglesia que se acerca a los pobres y a los oprimidos, se pone a su lado y de su lado, lucha y trabaja por su liberación, por su dignidad y por su bienestar, puede dar un testimonio coherente y convincente del mensaje evangélico[7]». Este principio nos hará priorizar la intervención con las personas más desfavorecidas económica, social y sanitariamente, especialmente a la hora del ingreso en los centros; por encima de otros criterios que harían más sencilla nuestra tarea (nivel de dependencia bajo, ausencia de problemas mentales, alto nivel cultural...) o que generarían excedentes económicos (pensiones altas, patrimonio elevado, etc.) 9. Condiciones de trabajo dignas. Mantener y asegurar unas condiciones de trabajo positivas, que hagan posible el compromiso y la implicación personal de los profesionales con las personas de los centros, con la tarea que desarrollamos y con el estilo de atención que proponemos es otro de nuestros principios, que nacen de la propia Doctrina Social de la Iglesia Católica: «Si el funcionamiento y las estructuras económicas de un sistema productivo ponen en peligro la dignidad humana del trabajador, o debilitan su sentido de responsabilidad, o le impiden la libre expresión de su iniciativa propia, hay que afirmar que este orden económico es injusto, aun en el caso de que, por hipótesis, la riqueza producida en él alcance un alto nivel y se distribuya según criterios de justicia y equidad[8]». Nuestras Obras Significativas
Casa de Acogida "Ntra. Sra. de la Merced"Hogar Pozo DulceIntervención en Barrios
[1] id. Pág. 52 [2] Propuesta 19 del Congreso “Los desafíos de la pobreza a la acción evangelizadora de la Iglesia” en la diócesis de Málaga. [3] Las residencias son para vivir. Modelo para evaluar la calidad de atención y la calidad de vida en las residencias para personas mayores. (Diputación foral de Álava, departamento de Bienestar Social. pág. 72) [4] Guía de formación. (Cáritas Española. pág. 107) [5] Reflexión sobre la Identidad de Cáritas. (Cáritas Española. pág. 58) [6] Las residencias son para vivir. Modelo para evaluar la calidad de atención y la calidad de vida en las residencias para personas mayores. (Diputación foral de Álava, departamento de Bienestar Social. pág. 58) [7] La Iglesia y los Pobres. Punto 10. [8] Juan XXIII, MM 8
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